Luego de los ajustes realizados por Ollanta Humala , se vislumbra una clara intensión de poner orden y autoridad para efectuar los cambios necesarios hacia el cumplimiento de los planes trazados en la hoja de ruta, ahora una de los obstáculos que siempre se han presentado en nuestra democracia es saber plantear una oposición responsable en lugar de una intimidación que significa anteponer efectos, presentir situaciones , especulando maliciosamente , es decir toda una serie de actitudes nocivas para una adecuada concertación y predisposición de apoyo en bien del país.
Se habla de un clima de militarismo, dictadura, desilusión de los fieles partidarios de Gana Perú quienes se identificaron con el primer plan nacionalista de Ollanta.
Actitudes como esta son las que perjudican la gobernabilidad y la defensa de la democracia, por cuanto crea escepticismo, dudas y temores entre los peruanos, esto no lo hace una oposición responsable, ahora cuando la incertidumbre es un arma que está enfrente del gobierno quien por azahares del destino debe devolver la confianza a los peruanos , aquella confianza que no buscaron los últimos 2 gobiernos.
Es irresponsable mencionar que los seguidores del Partido de Ollanta podrían sentirse defraudados ante este nuevo giro, por el contrario el verdadero partidario entiende apoya y respalda los ajustes razonables para los objetivos a seguir, no es posible ser individuos mecanizados al pie de la letra, es preciso renovar lineamientos, acondicionarlos a las circunstancias, la fidelidad partidaria no es intransigente y confía en su líder.
Cuando se habla de militarismo se denigra a los miembros de las fuerzas armadas porque ellos son los más indicados para poner orden y protegernos cuando la situación de un país afecta nuestro derecho a la vida, como ha ocurrido siempre en los casos de protestas, paros y atentados contra nuestra propiedad, asimismo no podemos mezclar malos elementos de corrupción con un gran sector de militares que han demostrado su profesionalismo cumpliendo sus metas en bien de la nación.
El principio de autoridad es imprescindible para todo progreso familiar, social y nacional, con mayor razón en nuestra cultura donde es común actuar al margen de la ley, esquivar principios, o delegar responsabilidades, porque en nosotros predomina primero el beneficio individual antes de pensar en forma colectiva hacia el futuro. Ollanta con la experiencia castrense que lo identifica ha optado y con razón en poner énfasis hacia un gobierno con mano dura basándose en el respeto a la autoridad al cual no estamos acostumbrados pero lo necesitamos, no obstante apenas se menciona la palabra “autoridad” ya estamos anteponiendo “dictadura”, deberíamos pasar por un proceso dictatorial como China, Rusia o Cuba para saber lo que es dictadura, quizás eso es lo que necesitemos para entrar en razón y ser más solidarios.
Una actitud más encomiable seria proponer alternativas desde los diferentes frentes partidarios despojándose de protagonismos ideológicos.
Las críticas constructivas son ideales en este momento, contraponiendo toda la mala lecha desparramada por personajes que buscan protagonismo, incentivado por malos periodistas sin ética profesional.
Sofía